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Te convertirás en un millonario pobre si no entiendes esto
¿Y si lo que buscas estuviera justo delante de tus narices?
¿Y si tu búsqueda fuera algo tan absurdo como el pez que busca agua dentro del océano?
Durante milenios, sabios y maestros de alrededor del mundo han estado de acuerdo sobre una cosa:
Todo está bien y no hay nada que cambiar.
Aunque todo esté hecho un desastre, todo está bien.
Jesús decía lo mismo cuando hablaba de las "buenas noticias".
¿A qué se referían?
Estos maestros se referían a la profunda paz, alegría, gratitud y amor incondicional que siempre estuvo, está y estará disponible en este momento.
En la presencia consciente de tu ser.
Siempre disponible y accesible.
Y no, no estoy hablando de una negación de la realidad o del plano material-humano en el que vivimos.
Estoy hablando de una realización plena del aspecto más fundamental de nuestra experiencia, la conciencia pura del ser, que es el contenedor de todas las posibilidades, estados, apariencias, personas y situaciones que experimentas en tu vida.
Me refiero a la capa más esencial y básica de nuestra experiencia.
Vivir en la realización y entrega de esta esencia es lo que paradójicamente nos permite experimentar situaciones profundamente dolorosas y traumáticas, pero a pesar de ellas, sentir un refugio de amor profundo en nuestro interior.
De alguna manera nos permite relativizar y neutralizar la severidad de todas las experiencias que conocemos como buenas y malas, ya que esta dimensión de nuestro ser no está a la merced de las perspectivas duales de la mente que juzgan la experiencia.
Al estar libres de esta identificación con lo que nos ocurre, esta consciencia nos libera a habitar la realidad y realizar cambios desde el discernimiento y la serenidad interior en lugar de las reacciones de nuestro ego, es decir, desde el sufrimiento.
De esta manera, podemos experimentar un profundo dolor pero a la vez no sufrir y perder nuestra efectividad en nuestras acciones debido a las garras de nuestras emociones.
Quiero dejar muy claro que con esto no quiero decir que sufrir sea malo o que algo debería evitarse. Es parte de nuestra experiencia humana y debemos abrazarla, sin embargo, tampoco tiene el peso que creemos que tiene, o mejor dicho, la capacidad de condicionar nuestra paz tanto como creemos.
Para que entiendas mejor de lo que te hablo, supongamos que entendemos nuestra experiencia como un gran conjunto de capas o niveles:
La capa más superficial sería la de nuestras acciones y interacciones con el mundo externo.
Luego vendría la capa de nuestros pensamientos y emociones; el conjunto de estados emocionales, narrativas mentales y pensamientos que van y vienen.
A un nivel más profundo vendría la capa de autopercepciones, identidades, paradigmas, ideologías y sistemas de valores que filtran nuestra percepción de la realidad.
Finalmente, al nivel más esencial está la consciencia no dual. En este nivel ya no estamos hablando de un contenido de la experiencia, sino de eso que permite que cualquier experiencia sea conocida. No es una capa más, realmente, sino el fundamento mismo de todas las capas anteriores. Como dice Rupert Spira, es “eso con lo que todo es conocido, en lo que todo aparece y de lo que todo está hecho”. En términos simples, nuestra verdadera naturaleza.
Aquí la consciencia no es algo que tú tienes, sino algo que tú eres. No como individuo, sino como la presencia sin forma que permanece igual mientras todo lo demás cambia.
Entonces, ahora que entendemos mejor cuál es la naturaleza de nuestra realidad y de nuestro ser,
¿Qué significa estar desconectado de nuestra verdadera naturaleza y por qué sufrimos?
Estar desconectado de nuestra verdadera naturaleza no significa que realmente hayamos perdido algo, sino que hemos pasado por alto lo que siempre ha estado presente:
La consciencia misma, la presencia silenciosa y abierta en la que toda experiencia aparece.
Es como si el pez, en su intento por encontrar el agua, se olvidara de que está nadando en ella.
La desconexión no es un hecho real, sino una ilusión nacida de la identificación con las capas más superficiales de nuestra experiencia:
Nuestras acciones
Emociones
Pensamientos
Creencias
Identidades
Es decir, sufrimos cuando confundimos lo que somos con lo que aparece en nosotros.
Cuando creemos que somos únicamente este cuerpo-mente limitado, que estamos separados del mundo, de los demás y de la fuente de paz que buscamos, entonces aparece el sufrimiento:
La resistencia a lo que ocurre.
El miedo a perder lo que creemos necesitar.
El deseo constante de llegar a otro lugar distinto del aquí y ahora para poder sentirte bien.
Este sufrimiento no es ningún error, sino una señal: un llamado profundo que nos empuja a mirar hacia dentro, a volver al hogar de nuestra verdadera naturaleza, a volver a casa.
Y cuando reconocemos, no como creencia, sino como experiencia viva, que somos esa consciencia pura e intocable, el sufrimiento pierde su poder para atraparnos.
Puede seguir apareciendo el dolor, la tristeza o la dificultad, pero ya no nos arrastra.
Así, estar "desconectados" es vivir atrapados en la identificación con lo transitorio.
Y sufrimos porque buscamos afuera lo que solo puede encontrarse en lo más íntimo de nuestro ser: la paz y plenitud de la consciencia que somos.
Integrar esto y experimentarlo, no solo creerlo o pensarlo, revolucionó mi vida por completo.
Inevitablemente, mi estado interno se reflejó en mi negocio.
Y lo mismo te ocurrirá a ti.
Este es el camino del Monje Millonario.
Espero que hayáis disfrutado de esta newsletter.
Nos vemos la semana que viene.
Un abrazo.
Emil.
pd: esta es la segunda parte de una newsletter que tendrá tres partes. La primera salió la semana pasada y el próximo correo tendréis la newsletter completa con las tres partes.
pd2: si te gustaría profundizar en esto y que te ayude a integrar este entendimiento en tu negocio para que tu paz sea incondicional, aplica escribiéndome aquí.